Castigo merecido

La CRóNiCa | HÉRCULES (1-1) Mestalla
El Hércules se deja empatar en el descuento por un Mestalla superior

Texto: Gonzalo Blanes (@gonzaloblanes) | Foto: @cfhercules

En el minuto cinco decidí mirar a las alineaciones por si me había equivocado de partido y el tiempo me había llevado al pasado más reciente. Concretamente al envite ante el Orihuela. Llegué a pellizcarme y dolía. La realidad duele, escuece, retuerce y preocupa. Una regresión en toda regla en el momento más inesperado. Varias zancadas hacia atrás y otra vez una pesadilla en el Rico Pérez. El rival empató fuera de tiempo y el empate es bueno. Es el mejor resumen de un encuentro infame. Que pudo enderezarse con el gol de Jona y acabó en un descrédito absoluto para el proyecto en los minutos finales.

El primer tiempo fue horroroso hasta que entró en el campo Diego Benito. Al Hércules el balón le quemaba. Lo lógico cuando un equipo «grande» se atasca y se mete en el atolladero del descenso. Pero «******s» con los triunfos ante Barça B, Ebro y Cornellà, se había sacado la cabeza. Aunque esta tarde, como el avestruz, la hemos metido aún más para abajo. No es falta de actitud, es falta de confianza. Los pases sencillos se erraban y el empate se sostenía por la tibieza del rival que no aprovechaba regalos y el gran momento de Don Ismael Falcón.

Todo pareció cambiar con el gol. De otro partido sí nos atenemos a lo mostrado por el Hércules. Moha Traoré desbordó y Jona se estrenó en el Rico Pérez como goleador. Sin embargo, de nuevo cuando parecía superado el trance, se repitió el repertorio de infamias con balón. El equipo acabó metido atrás, endeble, superado y sin personalidad. Con Carlos Martínez, Diego Benito y Alejandro Alfaro sobre el césped, éramos incapaces de tener el esférico. Y estos, de eso se supone que saben. Luego en defensa todo era caricaturesco. Falcón seguía salvando con la ayuda divina de los palos. Pero el cántaro se rompió en el descuento.

El Hércules estaba sustentándose en la fortuna y esta temporada no está la cosa para agarrarse a la suerte. Así que llegó el justo castigo del empate. Vuelta a las andadas, a las preocupaciones y que los agoreros saquen sus tweet (cada vez más cargados de razón). Es otra situación dantesca, que requiere temple, soluciones y en un futuro no muy lejano, decisiones trascendentales. Quedarse de brazos cruzados es invitar a que te den otra bofetada. La ficha de Samuel debió ser cubierta hace días, todo es poco para salir de esta historia de terror.

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