Volver y remontar

La CRóNiCa | HÉRCULES (2-1) Atzeneta
Triunfo sufrido, merecido, emotivo y con un gol increíble

Texto: Gonzalo Blanes (@gonzaloblanes) / Fotos: Miguel Ángel Sánchez (@Miguel93SB)

Volver ya era ganar, pero el Hércules lo hizo a su forma. Con sufrimiento, merecimiento y fortuna. Fue un partido típico de una categoría correosa y corrosiva. En la previa ya intuíamos desde el octavo curso de Segunda B, que el Atzeneta lo iba a complicar todo. Salió el Hércules con una alineación sorpresiva. Difícil de discernir si era atrevida o pasiva. Con Appin como comodín de la defensa de cuatro y Moyita enlazando con el ataque. Con David Sánchez titular, pero con Buenacacasa y Garrido en el banquillo. Hay tanto donde elegir que el once genera debates.

HCF Atzeneta

El Hércules derribó el muro del Atzeneta

El partido amaneció gris. El primer tiempo fue el típico tostón del camino que emprendemos. Pero sobró el gol del Atzeneta. En el guión no aparecía este capítulo. Apenas inquietaron los de David Albelda, pero cazaron un penalti en una acción aislada y lo pusieron todo muy empedrado. El Hércules se atascó. Con los laterales ejerciendo de defensas y las bandas algo desasistidas. Con la sensación de que se vivía muy lejos del gol. La intensidad sin balón no era suficiente, con cero a uno era necesario activar otro plan. Un camino diferente para hacer daño al rival.

Sin cambios en el descanso, el equipo de David Cubillo salió más decidido. Y se encontró con el penalti a favor. Lo provocó Acuña, no lo lanzó Borja porque el meta rival lo conoce del Ibiza y Moyita lo estrelló en el palo. Miles de fantasmas del pasado se aparecieron a la sufrida parroquia blanquiazul. «Otra vez igual», dijo más de uno. Pero este Hércules, como el de Planagumà, tiene algo y ángel. Moyita se creció en el error y regaló a Acuña el empate. El delantero lo marcó lesionado y pidiendo el cambio. El gol del cojo, que tanto mola. Tiene un golpe en la planta del píe, que esperemos se quede en el susto.

Luego entró Manu Garrido, que dio más presencia en el área rival. Jon Erice para mover la pelota con criterio y Buenacasa para ayudar con más pimienta ofensiva. Y cuando el partido agonizaba y el Hércules merecía el gol, apareció Lucas Anacker. El meta brasileño del Atzeneta estrelló su saque de puerta en Manu Garrido, luego corrió mal hacia su portería y un balón sencillo lo convirtió en una segunda pifia enlazada, y el nueve que ejerció de nueve siguió la jugada para marcar, remontar, volver y vencer. Desde los triunfos se crece mejor. Hoy todos lo merecíamos. Un año después, el equipo vuelve a ganar en su estadio. Ya tocaba.

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